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La formación de la
La Compañía de Jesús


    La finalidad de la formación es conseguir progresivamente una verdadera integración de los jóvenes jesuitas en el conjunto de la Compañía de Jesús, que es una orden apostólica, al servicio de Jesús en la Iglesia.

    El proceso de formación consta de varias etapas:

  1. ETAPA DE INICIACIÓN. Su momento fundamental es el noviciado, con una duración de dos años.

  2. ETAPA DE CRECIMIENTO. Es la etapa de estudios en la Universidad. Son estudios humanísticos y filosóficos principalmente, aunque también, dependiendo de los casos, se estudian otras especialidades. Esta etapa suele durar (dependiendo del tipo de estudios) de 2 a 4 años, o incluso más, cuando hay que acabar licenciaturas o doctorados.

  3. ETAPA DE MAGISTERIO. (Popularmente, al joven jesuita que se encuentra en esta etapa se le denomina “maestrillo”). Es la etapa en que el jesuita que está en formación se dedica a una actividad concreta, viviendo en una comunidad y colaborando en una obra concreta. Dura de uno a tres años.

  4. ETAPA DE TEOLOGÍA. Es la culminación del proceso de formación. Se estudia la carrera de Teología. Al terminar el tercer año se suele recibir la ordenación de diácono, y poco tiempo después la ordenación sacerdotal.

    El sentido del noviciado. ¿Qué se pretende?

    En el noviciado se pretende que la persona que quiere ser jesuita clarifique y confirme su vocación, viviendo ya como jesuita, y realizando una serie de actividades. Lo que más importa es lo referente al crecimiento interior de la persona desde la experiencia profunda de Dios.

    Todo el noviciado es una gran experiencia, cuyo núcleo son los Ejercicios de S. Ignacio.

    Por concretar algo más los objetivos que marcan el crecimiento en el noviciado, son los siguientes:

  1. Conocimiento y experiencia de Jesucristo. Jesús va a ser el centro de su corazón y de su vida “para más amarle y seguirle”.

  2. Crecimiento interior humano. Con tiempos para ahondar en el conocimiento de sí mismos, e ir creciendo en libertad profunda, entrega de sí mismo, sentido comunitario, transparencia, …

  3. Conocimiento y experiencia de la Compañía de Jesús. A través de sus documentos fundacionales, su historia, la vida de la Compañía actual. También se conocen comunidades y obras de la Compañía.

  4. Sentido de Iglesia y deseo de crecer en actitudes de verdadera entrega desde el servicio a los demás, especialmente a los que más lo necesitan.

    ¿Qué soñamos con nuestra vocación, para el mundo, para cada uno?

    Sentimos que Dios quiere profundamente a nuestro mundo y siente a fondo sus carencias. Con nuestra vocación de jesuitas tratamos de aprender a amar como Jesús de Nazaret. Para ello, es fundamental sentirnos queridos personalmente por Dios.  De aquí surge gozosamente el deseo de Dios, el deseo de comunión con los demás y el deseo de servir a las personas de nuestro alrededor.

    La persona de Jesús está en el centro de la vida del jesuita. Él dinamiza toda su vida personal, comunitaria y apostólica. Tratamos de que vaya creciendo en nosotros desde el noviciado ese amor universal y disponibilidad tan grandes que vivió Jesús.

    Nuestra espiritualidad

    Al hablar de espiritualidad nos referimos al modo de vivir la realidad de lo que somos y de nuestras vidas desde Dios.

     La espiritualidad del jesuita se basa en la experiencia que tuvo Ignacio de Loyola, en cuyo centro estuvo el deseo de conocer internamente la persona de Jesús “para más amarle y seguirle”. Este deseo va configurándose como un deseo profundo a lo largo de la experiencia del noviciado, a través de la oración diaria, el tiempo dedicado al discernimiento (silencio orante para mirar la vida desde la presencia amorosa de Dios), la Eucaristía y sacramentos, y la lectura espiritual. Todo ello va ayudando a afianzar una estructura interior que hace posible que se vivan las tareas ordinarias de cada día desde Dios.

    Además del amor a la Santísima Trinidad y del seguimiento personal de Cristo, común a todas las espiritualidades: 

    Buscar y hallar la voluntad de Dios sobre mi vida. No lo más perfecto objetivamente, sino lo que Dios quiere de mí. 

    Ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo, pero aterrizando en lo concreto para no perderme en vaguedades o en ideales irrealizables. 

    Conocer mi realidad lo más ampliamente posible. De ahí, mucho examinar cada situación y también examinarme 

    Discernir, a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe, cómo puedo mejorar esa realidad para hacerla más evangélica. 

    Encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción o unidos con Dios en la acción.

 

En todo amar y servir.


 

 


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Esta página fué colocada en la "NET" el sábado, 9 de julio de 2005, por JoMPaG.

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